SANANDA I

Cuando era pequeña y sanaba, ella absorbía la enfermedad o la lesión de la persona a la que ayudaba y sufría sus mismos síntomas durante horas. Era angustioso. Sin
embargo, gracias a los años que había pasado estudiando, había aprendido a controlar esos efectos. Solo tenía que ordenar a su cerebro que no lo hiciera; tenía que
convencerle de que todo iba bien, que a ella no le pasaba nada, que solo intentaba ayudar. Y había aprendido cómo hacerlo.